Por Eduardo De La Peña De León
Con una ligereza que raya en lo irresponsable, el Presidente López Obrador afirma que ya está resuelta la crisis que afrontan las regiones Centro y Carbonifera y descarta de un plumazo emitir el decreto de emergencia económica que desde hace meses han solicitado el Senado de la República y empresarios locales y nacionales.
Apenas el jueves, como lo comentamos en este Índice, nuevamente los Senadores por Coahuila Verónica Martínez y Armando Guadiana retomaron el tema, e insistieron en la declaratoria tomando en cuenta que todos los grupos parlamentarios apoyaban el exhorto.
De nada sirvió, porque en «la mañanera» del viernes López Obrador dijo que ya estaba resuelto, que no se trataba de emitir un decreto sino de atender las necesidades, y su gobierno ya restableció los pedidos de carbón y facilitó el acuerdo de compra-venta de AHMSA al aceptar la reparación del daño.
Sería más preciso decir que su gobierno inventó que hubo un daño, exigió la reparación del mismo, y llevó a la siderúrgica y a la economía regional a la más profunda de las crisis, que no se resuelve con un cambio de accionistas.
Un decreto de emergencia económica implica un tratamiento fiscal de excepción, estímulos para la inversión, programas de empleo temporal y recursos para obras de infraestructura, nada de lo cual está dispuesto a conceder López Obrador.
En octubre prometió en Nueva Rosita que habría obras, «todas las necesarias», dijo, pero nada se ha concretado, y de esa promesa ya ni se acordó en su declaración de este viernes.
Pretender que todo quede resuelto con un discurso, además un mal discurso, es bastante ruin.
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Y mientras allá en Palacio Nacional creen que con la varita mágica del chachalqueo resuelven una crisis, acá en Coahuila se sigue adelante con el diseño del programa de rescate y diversificación económica de la Región Carbonífera.
El ex gobernador Rogelio Montemayor, Presidente del Clúster de Energía Coahuila, y el rector de la UAdeC Salvador Hernández Vélez se reunieron este viernes en Nueva Rosita con investigadores de la Escuela Superior de Ingeniería y el Centro de Investigación en Geociencias.
El propósito es sumar las ideas de los especialistas para construir un plan que impulse el desarrollo de la economía regional bajo dos premisas, que sea permanente y sustentable.
El reto no es menor, pero se ha puesto en buenas manos el diseño de la estrategia, pues tanto Montemayor como Hernández Vélez tienen sobrada capacidad, y un gran compromiso.
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El que ya alcanzó fama, y no buena, más allá de nuestras fronteras es el alcalde de Torreón Jorge Zermeño Infante.
El Washington Post publicó en su versión digital un bien documentado artículo del periodista coahuilense Javier Garza Ramos, bajo el título de «Así se derrumbó un caso de éxito de manejo de COVID-19 en México».
Refiere el artículo que en septiembre Zermeño declaró, tomando en cuenta el dato de un solo día que no era el indicador de una tendencia, que un reporte interno de la Secretaría de Salud calificaba a Torreón por primera vez en color verde.
«…El dato provocó optimismo en la ciudadanía, una percepción de que habíamos superado la etapa más intensa de contagios. Fue un error. Menos de dos meses después, Torreón rompía sus récords de contagios, hospitalizaciones y fallecimientos por COVID-19», señala Garza Ramos.
Y abunda, «El reporte optimista correspondía al 31 de agosto, el único día en que Torreón tenía los indicadores para colocarse en verde. Incluso, las autoridades estatales decidieron tomar el dato con cautela: ese mismo día anunciaron que no habría reapertura de nuevos giros en las siguientes tres semanas».
De esta imprudencia que cometió Zermeño debe quedar la enseñanza para autoridades de todos los niveles, líderes empresariales y de sectores, pero sobre todo para la población en general, de que en esta pandemia las batallas son diarias y cualquier descuido cuesta vidas y destruye avances.
edelapena@infonor.com.mx