Por Eduardo J. De La Peña
Allá a finales de los ochenta, un mediodía el radioperador de lo que en ese entonces era Sapac Saltillo –hoy la paramunicipal Aguas de Saltillo– escuchó sorprendido que le llamaban por el radio: «Soy el Obispo Villalobos, si alguien me escucha en esta cosa avisénle a las hermanas en mi casa que no voy a llegar a comer».
La voz, ronca pero a la vez afable, era inconfundible. En definitiva no era una broma.
Monseñor Villalobos había salido de visita a comunidades rurales del sur del Municipio, y para su traslado le habían prestado una camioneta de la dependencia. El entusiasmo de los campesinos en cada uno de los ejidos que visitaba, aunado al mal estado de los caminos que en ese entonces eran de terracería y con decenas de vados, lo demoraron y se llegó la hora de comer; desde luego que el problema no era dónde o qué comer pues le sobraron invitaciones al Obispo, pero le preocupaba que en su casa las hermanas religiosas que le asistían lo estuvieran esperando.
No la dudó Don Francisco y tomó el radio de la camioneta para intentar el enlace y avisar.
La anécdota permite recordar varias facetas de la personalidad de Monseñor Villalobos, por principio la sencillez y solidaridad para ir a visitar, escuchar, guiar, a los sectores más desprotegidos; segundo, la sensibilidad, manifestada en este caso en la consideración hacia las religiosas que le atendían; y, desde luego, el pragmatismo de tomar el radio sin saber si alguien realmente lo escucharía, ni quién sería ese alguien.
Pero no limitó su presencia pastoral a las comunidades rurales de Saltillo, que le quedaban relativamente cerca, con todo y las complicaciones que representaban los caminos deteriorados. También en otras comunidades más alejadas, y de acceso aún más difícil, lo recibieron en no pocas ocasiones.
Cuando Fray Raúl Vera López llegó a hacerse cargo de la Diócesis tuvo una reunión con el entonces gobernador Enrique Martínez y ahí le manifestó su preocupación por los campesinos candelilleros, pues había escuchado que sobrevían en condiciones apenas humanas.
El gobernador invitó al Obispo Vera a visitar juntos comunidades rurales dedicadas a la extracción de cera de candelilla y tallado de ixtle, y programaron una gira a Cuatro Ciénegas.
Cuando el gobernador Martínez y Fray Raúl Vera llegaron al ejido La Vega, en el exterior de la capilla del lugar había una gran concentración, principalmente de mujeres que habían organizado la recepción al Obispo.
De pronto una de esas mujeres exlamó: «ese no es el Obispo», y es que allá no les había llegado la noticia de los cambios en la Diócesis, pero bien que conocían a Monseñor Villalobos, pues él también había visitado en su momento esas comunidades y lo recordaban con cariño.
Sin reflectores ni protagonismo, con sensibilidad y sabiduría, así se condujo Don Francisco y así guió a su comunidad, y más de veinte años después de dejar el Obispado, se mantenían vigentes el respeto y cariño hacia su persona, que al conocerse de su fallecimiento la noche del jueves, se manifestaron de inmediato a través de las redes sociales. Descanse en Paz.
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Lecciones de historia y valor cívico dio este viernes en Palacio de Gobierno Raúl López Gutiérrez durante la instalación del Comité Organizador de Eventos Históricos 2022.
López Gutiérrez sorprendió refiriéndose a Benito Júarez, Lucio Blanco y Francisco Murguía como tres grandes coahuilenses, siendo Blanco el único nacido en la entidad.
Sin embargo recordó que Juárez en 1864 le devolvió a Coahuila su soberanía e independencia, que le habían sido arrebatadas al anexarnos a Nuevo León, y por ello en 1869, tres años antes de su muerte, se promulgó un decreto nombrándolo Ciudadano Coahuilense y Benemérito del Estado.
Y en cuanto a Murguía, nacido en Zacatecas, desde 1918 fue declarado Ciudadano Coahuilense por el Congreso del Estado.
Precisamente en relación con Murguía, Raúl López recordó que cuando fue sometido a Consejo de Guerra y se le preguntó de qué se le acusaba, respondió «Se me acusa de lealtad».
Y es que, en efecto, fue uno de los hombres leales a Carranza hasta el último momento. En ese contexto Raúl López señaló: «Lealtad, ese es su gran legado, un modelo de vida que en su memoria, en su honor y en el de estos grandes mexicanos debemos honrar ahora y siempre. Precisamente en las complejas circunstancias por las que atraviesa nuestro país, debemos de ser leales a la patria y leales a los principios de quienes la forjaron. La lealtad, la lealtad es valor supremo en estos momentos en que nuestro Coahuila demanda unidad».
Tan atinado el pronunciamiento, que minutos después el gobernador Miguel Ángel Riquelme agradeció enfáticamente y dio la razón a Raúl: «eso es lo que hoy tratamos de impulsar en Coahuila, la unidad».
Y ahí mismo Riquelme retomó la propuesta de declarar a 2022 como “Año de Benito Juárez, Defensor de la Soberanía de Coahuila”.
Habrá además en el año diversos eventos para conmemorar tanto los 150 años del fallecimiento de Juárez, como el centenario de la muerte de Lucio Blanco, y del fusilamiento de Francisco Murguía.