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Por Eduardo J. De La Peña

            ¿Cuál lucha será más difícil para los combatientes de incendios forestales, la que libran contra el fuego y las condiciones atmosféricas, o la que afrontan –como todos los mexicanos– contra la indolencia de la cuarta transformación?.

            Al incendio que desde la semana pasada se desató en los cañones de Los Lirios y de San Juan de los Dolores, se sumaron este lunes tres más. Los tres en parajes aledaños a la carretera 57, en diferentes puntos a lo largo de no más de cincuenta kilómetros.

            En un extremo se tuvo el del Puerto de Flores, en el entronque de la carretera 57 con el ramal a San Antonio de las Alazanas, y en el otro el de Palo Blanco en el antiguo trazo de la carretera Central, por el rumbo de «Las Imagenes». Y en medio de ambos, el que se combate en Zapalinamé, en las inmediaciones de «Mirasierra».

            Muy cerca de este último, también sobre la carretera 57, en el predio que comparten la delegación de Agricultura y las de Conagua y Conafor, bien pudiera decretarse el monumento o parque de la indolencia.

            Nada más por parte de Conagua hay una decena de camiones todo terreno, varios de ellos equipados con tanques cisterna, y que están en abandono desde hace años.

            Se compraron con recursos del Fonden para utilizarse en atención de emergencias, y se entiende que son otro tipo de contingencias en las que comúnmente intervendría Conagua, pero en una emergencia como la que se está viviendo lo de menos son las siglas, esos camiones tienen las características para ser utilizados en el combate a los incendios.

            Si Conagua no tiene el personal para operarlos, ni los recursos para darles mantenimiento, debería entregarlos en comodato a otras instancias, ya sea federales, estatales, municipales, o hasta comunitarias, para que se utilicen en lugar de estarse deteriorando en el abandono.

            Seguramente el abandono viene desde que el gobierno de Peña Nieto desmanteló la representación local de la Coangua, pero esta administración ya va a completar 27 meses, ¿no ha sido tiempo suficiente para que levanten un inventario y promuevan el aprovechamiento útil de equipo que es muy costoso?.

            Se anuncia que el sábado y el domingo estará en Coahuila el Presidente López Obrador, en eventos organizados precisamente por la Comisión Nacional del Agua en Torreón y Cuatro Ciénegas, en otros tiempos se esperaría que una circunstancia así fuera aprovechada para ordenar la rehabilitación y uso del equipo, a como se dan las cosas ahora si acaso se toca el tema será para echar culpas al pasado y no resolver nada.

            Por cierto corren versiones de que el operador en Coahuila del gobierno indolente, Reyes Flores Hurtado, fue visto el fin de semana al pie de la sierra. Pero no allá donde están los incendios, sino en esa estribación de la Siera Madra que se conoce como Cerro del Caído o del Mirador, en Monterrey, donde ahora se han instalado exclusivas galerías comerciales.

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            Quien si estará este martes en el Cañón de Los Lirios es el Obispo Hilario González García. Acudirá a las rancherías en que ha habido familias afectadas por el incendio para entregar despensas y otros apoyos, además desde luego del acompañamiento espiritual a los damnificados.

            Aunque nacido en Monterrey, el Obispo Hilario tiene raíces familares por vía paterna en Arteaga, y siente un especial afecto por esa afectación dado los recuerdos que guarda de su infancia cuando su padre los traía en familia a pasear y comprar fruta.

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            A dos semanas de que el Instituto Cumbres de Saltillo fue noticia nacional por la manifestación de alumnas y ex alumnas exigiendo respeto y cuestionando a los directivos por su negativa a permitirles sumarse al paro nacional del 9 de marzo, este lunes la orden de los Legionarios de Cristo da a conocer su informe «Verdad, justicia y sanación», relacionados con los casos de abuso sexual a menores.

            Los Legionarios decidieron, para facilitar el camino de sanación de las víctimas, y contribuir al restablecimiento de la justicia y la reparación, –según se lee en el informe– dar a conocer públicamente quienes cometieron abuso de menores.

            Entre quienes son identificados con nombre y apellido está quien fuera sacerdote Fernando Martínez Suárez, quien en 1969 llegó a Saltillo, a donde se le trasladó después de que en la Ciudad de México un padre de familia lo acusó de haber abusado de su hijo de entre 4 y 6 años.

            Martínez Suárez estuvo en Saltillo como superior de comunidad y director del Colegio Cumbres de 1969 a 1971, y posteriormente en las mismas funciones de 1974 a 1976, y según comunicados oficiales de la orden de los Legionarios, hay al menos un señalamiento de comportamiento inadecuado o abuso durante su estancia aquí, además de otros seis casos corroborados de abuso en contra de niñas cuando estuvo al frente de un Colegio en Cancún.

            En su rendición de cuentas la Congregación se compromete en la búsqueda de verdad, justicia y sanación, además de prometer la generación de ambientes seguros en sus instituciones.

            De cualquier manera este informe cimbrará a la comunidad saltillense.

edelapena@infonor.com.mx

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