ALTERNATIVA

Llamada de Atención

Por Eduardo J. De La Peña De León

            A partir de la semana anterior se han ido repitiendo en Saltillo y otras ciudades del estado manifestaciones de alumnas de preparatorias privadas protestando por restricciones que se les imponen en los colegios, y denunciando prácticas de acoso por parte de alumnos y maestros.

            El detonante fue lo ocurrido en el Instituto Cumbres de Saltillo, cuyos directivos negaron a las maestras la posibilidad de sumarse al paro nacional de mujeres, y a las alumnas les restringieron la libertad de mostrar mensajes alusivos en las plataformas en las que están llevando las clases a distancia.

            La institución cerró la puerta a sus mujeres, y sin dudarlo un grupo de ex alumnas y alumnas tomaron la calle para denunciar lo que desde hace años ocurre en las aulas de ese Colegio.

            El ejemplo cundió y pronto se manifestaron las alumnas de otros colegios católicos, y de Saltillo se pasó a Monclova.

            Las reacciones de los padres de familia, y de la sociedad en general, han sido diversas, desde quienes muestran empatía y comprensión con las jóvenes que han decidido alzar la voz, hasta quienes las recriminan y etiquetan.

            Hay quienes opinan que como sociedad no estábamos preparados para una situación de este tipo, y están también los que muestran preocupación por el riesgo de que estos movimientos terminen por servir a los intereses de los grupos que buscan sembrar división en el país.

            Igualmente existen quienes están preocupados por la posibilidad de que desde el anonimato se termine por acusar a inocentes y se manchen reputaciones.

            Quizá en efecto las instituciones educativas, los medios de comunicación y la sociedad en general no estábamos preparados para reaccionar adecuadamente ante un movimiento así en escuelas privadas, como es evidente que tampoco se ha sabido responder y actuar ante lo que se está denunciando de fondo, pero si algo queda claro es que la respuesta no puede ser ni la censura ni la indiferencia.

            Hay un gran reto para todos en esto que está aflorando, y el primer paso debe ser la empatía y la apertura a escuchar para poder avanzar a la construcción de soluciones.

            Censura o recriminación hacia quienes sienten necesidad de alzar la voz y denunciar equivale a re victimizar a quienes ya han sufrido acoso o abuso.

            Las instituciones deben de tener protocolos claros de actuación, y mecanismos eficaces para que las alumnas expresen su sentir, hagan sus denuncias y estas sean investigadas y se proceda en consecuencia.

            Hay modelos que ya se aplican en otras partes del país y del mundo, y se coincide en los principios generales, destacando la cero tolerancia a las conductas de acoso y hostigamiento; garantías de confidencialidad; protección de la dignidad y la integridad; accesibilidad e inmediatez.

            También se destaca que no debe causarse victimización secundaria, se prohíben los actos de represalia; se establece la obligación de actuar con diligencia, y de seguir las normas del debido proceso.

            Fenómenos como el acoso y el abuso no son nuevos, es más bien un lastre histórico de nuestra sociedad. Basta ya de buscar excusas para no poner un alto.

            Claro que implica un cambio cultural y esto conlleva tiempo, pero lo primero que se requiere es voluntad y disposición.

            Si lo que preocupa es que se manipule a las jóvenes con segundas intenciones, hay que tener abiertos los canales de dialogo, para que sientan la confianza y la garantía de recurrir a las instancias formales de la institución, y no sientan la necesidad de manifestarse y acusar en la calle.

            Si el temor es que se termine por acusar a inocentes, eso mismo se puede prevenir con los debidos protocolos, en los que además de establecerse la confidencialidad, y los procedimientos de investigación, debe haber previsiones para sancionar a quien acuse en falso.

            ¿El tema es complejo?, sí. ¿Sensible?, demasiado. Se requiere de mucho trabajo y compromiso para encauzarlo, y en el mundo hay modelos exitosos de respuesta. Lo único que no puede pasar es que se pretenda dejar al olvido y seguir soslayando la atención a un asunto de esta trascendencia.

edelapena@infonor.com.mx

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