Por Eduardo De La Peña De León
Para ilustrar cómo los gobernantes, y en general las personas, pueden llegar a encrucijadas en las que tomar una decisión sea difícil, el ex gobernador Enrique Martínez solía contar una experiencia personal.
En alguna ocasión que llegó a Cuatro Ciénegas, acudió a recibirlo un viejo amigo, que llegó en silla de ruedas, pues le habían amputado las piernas. Impresionado, Martínez le preguntó, «Miguel, ¿cómo permitiste que te hicieran esto?», y es la respuesta que le dio lo que deja una enseñanza, «tenía dos opciones, que me amputaran o morirme, esto era lo menos malo, tendría que ser muy p…. para no tomar la menos mala».
Y así es como todos en alguna ocasión nos encontramos ante dos malas alternativas o decisiones, y hay que identificar la menos mala para optar por esa.
Esto mismo podríamos aplicar en el acuerdo que están construyendo las dirigencias nacionales de PAN, PRD y PRI, que en principio plantea la posibilidad de ir en alianza en 158 de los 300 distritos que estarán en disputa el año próximo cuando se renueve la Cámara de Diputados.
La posibilidad de tal alianza ha generado críticas y descalificaciones. Hay a quienes les parece inaceptable y hasta inaudito que contrincantes históricos de varias décadas como Acción Nacional y el PRI, puedan ir juntos a una elección.
Los términos del acuerdo al parecer no están definidos, pero simplemente sentarse a negociarlos debió haber sido difícil. Sin embargo debemos verlo con pragmatismo: no hay de otra.
Si los tres partidos están hablando de ir juntos en 158 distritos, es que han hecho ya los cálculos y concluido que si no se unen no tienen posibilidad alguna de ganar frente a los candidatos que postule Morena.
Y si pierden en esos 158 distritos, eso significaría que la mayoría en la siguiente legislatura la mantendría el ahora partido oficial.
La nueva configuración política que hay en el país, resultado de los comicios de 2018, ha permitido a un gobierno inexperto, improvisado y malicioso actuar a capricho, y hoy estamos al borde del precipicio, con una grave crisis de salud; una escalada de violencia e inseguridad; la economía en franco retroceso, y un deterioro en la vida institucional del país.
¿Quién a punto de caer puede rechazar la única mano que puede salvarlo?.
Por más incompatibilidad ideológica que haya, por más agravios históricos, la única alternativa viable en el momento actual para poder construir en el Legislativo un contrapeso real, es esta alianza.
Además de afinar los detalles, pactar cómo será su competencia en los distritos en que no van juntos, así como en los estados en que hay otro tipo de elecciones, ya sea para renovar gubernaturas, alcaldías o congresos locales, los tres partidos deben entender que ni aún esta alianza es una garantía de triunfo.
Es importante que lo hagan, pero también que se comprometan en la postulación de los mejores perfiles, que no sea este acuerdo una tabla de salvación para aquéllos que representan la cara más sucia de la política mexicana.
La circunstancia ha creado la posibilidad de que PAN, PRD y PRI tengan una nueva oportunidad, deben esmerarse entonces en aprovecharla, jugar limpio y construir futuro.
Que no se olviden que fueron sus vicios y desviaciones los que detonaron el repudio ciudadano que nos llevó a la situación en la que hoy estamos, por eso deben presentar ahora una propuesta diferente.
En 2000, 2006 y 2012 tanto el PAN como el PRI tuvieron oportunidades que no supieron aprovechar, no estuvieron a la altura de la expectativa ciudadana y eso abrió la puerta a otro error mayúsculo, la llegada de Morena.
Entonces los tres partidos del bloque opositor, además de cuidar los perfiles, deben esmerarse en la propuesta y el discurso. Comenzar por convencer a sus seguidores de que en algunos casos tendrán que votar por antiguos oponentes, y sobre todo convencernos a los mexicanos de que aprendieron de las lecciones del pasado, que no están pactando una componenda vergonzosa sino que ofrecen una alternativa y ruta para la reconstrucción nacional.