A la Mitad del Camino

            Se han cumplido esta semana tres años de que Miguel Ángel Riquelme Solís asumió como Gobernador de Coahuila. Ha llegado a la mitad del camino, y el momento abre el espacio para un recuento, más que de la obra material y acciones de gobierno, de las circunstancias que se han enfrentado en distintos ámbitos; de la capacidad de respuesta que se ha tenido a diversos desafíos, y también del estilo personal.

            Desde el primer momento se han tenido circunstancias atípicas. El inicio del gobierno de Riquelme estuvo precedido por el más prolongado litigio poselectoral que se haya dado en Coahuila; ese antecedente, más la manera en que su antecesor ejerció el poder, le entregaron un estado con el ambiente político crispado, tenso.

            Riquelme tuvo el acierto de no comprar pleitos ajenos. Inició una acuciosa labor de reconstrucción, tendió puentes, abrió canales de comunicación, y fue construyendo su propia relación no únicamente con los partidos de oposición, sino también con los liderazgos de grupos políticos, económicos y sociales a los que en el sexenio anterior se había relegado o incluso lastimado, y con los que existía si acaso una relación forzada.

            El cambio en el trato, las formas, los modos, fue notorio, sin embargo Riquelme tuvo, y ha tenido, la prudencia de no entrar en desgastantes conflictos; aunque en su círculo cercano hubo quienes apostaron a una ruptura tajante con el pasado inmediato, el gobernador actuó con prudencia y tacto. Cuando ha sido necesario apretar y dejar en claro quién toma las decisiones en Coahuila lo ha hecho, pero sin generar una confrontación abierta o ruidosa que contamine el ambiente político.

            En los primeros años de la administración, mantuvo como ejes centrales la seguridad y el empleo, los mismas que el sexenio anterior y que algunas voces sugerían no priorizar y enfocarse en otros ámbitos, así fuera por marcar una diferencia.

            El tiempo le ha dado la razón. Hoy debemos estar convencidos que no es un lugar común decir que en seguridad no se puede bajar la guardia, hemos visto que en efecto los grupos delictivos intentan cada día recuperar territorios, y ante ello no queda más que seguir apostando a la profesionalización y equipamiento de los cuerpos policiales.

            En empleo, que se haya mantenido la promoción internacional de Coahuila, ha permitido que aún y cuando los inversionistas dudan en venir a México por la inestabilidad que se vive en el país, y pese a la crisis económica que estamos viviendo producto de la pandemia, aquí han llegado nuevas empresas a las diferentes regiones, y eso ha permitido que al momento se hayan recuperado más de la mitad de las plazas laborales que se perdieron este año por la contingencia sanitaria.

            La reconfiguración política en el país a partir del resultado electoral de 2018, representó también un desafío para Riquelme. Se propuso y logró construir una relación de respeto con el Presidente López Obrador y su equipo, que en los últimos meses se ha tensado porque ante la marginación a la entidad en el tema presupuestal no quedó otra opción más que alzar la voz, no en ánimo de ruptura o choque, sino de buscar la justicia distributiva.

            El ánimo pendenciero del Presidente y su círculo no ha dado espacio para que esa exigencia tome los cauces y produzca los resultados debidos, pero sin duda que a Riquelme se le reconoce la firmeza con la que ha mantenido su postura.

            Este año la pandemia ha llevado a Coahuila a la contingencia más grave, prolongada en el tiempo, e inédita por haberse extendido a todo el territorio estatal, y se ha tenido una respuesta eficaz, consistente y proactiva.

            Sin regateos se le ha hecho frente incluso para subsanar carencias en instancias del gobierno federal, como el Seguro Social.

            El gobierno estatal ha sumado a los ayuntamientos, las empresas, y la sociedad civil, en una respuesta articulada que contempla  la aplicación de protocolos preventivos; la adquisición de equipo médico; la habilitación de espacios de recuperación de pacientes; el incremento en la capacidad hospitalaria, y para la realización de pruebas de diagnóstico, y también las estrategias de auxilio económico a los sectores más afectados.

            ¿Es perfectible el modelo, la estrategia de respuesta?, seguramente que sí, así ha tenido que ocurrir en todo el mundo donde los gobiernos y las instituciones han debido trabajar a prueba y error para hacer frente a un enemigo desconocido y de comportamiento insospechado.

            Un razgo importante de la estrategia que ha seguido el gobierno estatal en esta contingencia, es cómo se ha descentralizado la toma de decisiones. Asumiendo que cada región de la entidad tiene características y comportamiento diferente, es precisamente a nivel regional que se definen los criterios, tanto para la operación del sistema de salud, como para las actividades económicas y sociales.

            Sin evadir su responsabilidad, Riquelme ha abierto el espacio a los alcaldes y también ha delegado en sus colaboradores, asignando a un responsable de cada sub comité regional. La dimensión y naturaleza de la crisis así lo obligaba, pero esto también nos habla mucho de la personalidad del gobernador, que no se obsesiona en colgarse todas las medallas.

            Riquelme no arrastra complejos ni tampoco pretensiones de grandeza, es de trato sencillo y la comunicación con el puede ser directa, sin complicaciones, eso también oxigena la vida política y la vida  pública en la entidad.

            A la mitad del camino se puede afirmar que bajo la conducción de este gobernador están dadas las condiciones para que Coahuila se concentre en hacer frente a los desafíos que nos dejará esta crisis, en armonía y en un ánimo constructivo.

edelapena@infonor.com.mx

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