Por Eduardo De La Peña De León
Conocidos como fueron los excesos de Enrique Peña Nieto y su círculo cercano, así como los de algunos gobernadores y otros personajes del poder público, nadie pone en duda las acusaciones que se les hacen desde el gobierno, en algunos casos formalmente a través de la Fiscalía, en otros como filtraciones, y en varios más ligeramente en el patíbulo de las mañaneras.
No hay quien meta las manos al fuego por ellos, bien dicen «crea fama y échate a dormir». Quedaron manchados y eso le ha facilitado al actual Presidente y sus aliados construir todo un montaje para hacerse pasar como grandes cruzados en contra de la corrupción.
La sociedad está en efecto anhelante de que se ponga fin a impunidad y a corrupción, pero no debemos permitir que se siga pretendiendo curar tan arraigados males de nuestro país con un placebo, con un engaño.
En el caso de Peña Nieto, se le acusa de algo tan espectacular como hueco, «traición a la patria». Sí, llama mucho la atención, nada podría ser más grave que eso, pero ¿dónde está el sustento?, ¿dónde el trabajo de investigación para acreditar al menos una de las desviaciones en que habría incurrido como Presidente?.
Contra Luis Videgaray parte la acusación de que un escolta de Emilio Lozoya asegura que le tocó entregar maletas llenas de dinero a políticos del PAN y el PRI con el mensaje que era un envío de Videgaray. ¿Eso prueba algo?, ¿qué pasa si un testigo decide mejor decir que entregó los sobornos de parte de López Obrador, por ejemplo?.
Hay otros casos inverosímiles, que no se han citado en expedientes judiciales pero igual se reproducen en versiones periodísticas una y otra vez, como el supuesto testimonio de un «proveedor», asegurando que el ex gobernador de Nayarit Roberto Sandoval criaba en un rancho, al sur de Saltillo, ¡siete mil vacas en un predio de 800 hectáreas!. No tienen idea del disparate que están diciendo.
Peña, Videgaray, Sandoval, y muchos más como ellos son indefendibles, pero por varias razones debemos rechazar que el gobierno siga procediendo de esa manera.
Primero porque están simulando, se burlan de la ciudadanía. Van por un rédito electoral con su bandera anticorrupción y no trabajan realmente para llevar casos sólidos ante los tribunales, lo que les importa en primer lugar es el linchamiento público, no que haya realmente una consecuencia penal.
Segundo, porque utilizan estos casos como distractores, cada que algo se les complica en el gobierno –y eso ocurre casi todos los días– inflan algún tema de este tipo para llevar los reflectores hacia otro lado y que no se les cuestione.
Tercero, este mismo montaje les ayuda a cubrir los casos de corrupción que hay dentro del gobierno. Quizá el Presidente en eso sea sincero, en repudiar la corrupción y el provecho económico personal, pero en su círculo las cosas son distintas, y lo mismo hay funcionarios que buscan nómina y contratos para familiares, que otros muy influyentes vendiendo la estrategia de defensa jurídica para librar de la cárcel a los mismos que la 4T está acusando.
Cuarto, esta dinámica está llevando a torcer la justicia y vulnerar a las instituciones. Si un juez señala que una acusación está mal integrada, o no resuelve a como el Presidente y la Fiscalía quieren porque no se aportan elementos y pruebas, de inmediato vienen las presiones. También los juzgadores están bajo asedio.
Si seguimos permitiendo esto no tendremos un gobierno más limpio, y sí un sistema de justicia más endeble en el que nos deja a todos los mexicanos en riesgo.
Permitir que desde el gobierno se proceda así contra los políticos, o contra los empresarios que de alguna manera le son incomodos al grupo en el poder, equivale a regresar a aquélla polémica de si era valido torturar a los delincuentes para obtener confesiones, muchos lo justificaban hasta que se les planteaba ¿y si un día te lo hicieran a ti para inventarte una acusación?.
No, el fin no justifica los medios.
edelapena@infonor.com.mx