Por Eduardo J. De La Peña De León
Este lunes cuando circularon declaraciones de Napoleón Gómez Urrutia señalando que uno de los grandes pendientes es la exigencia de justicia para que se castigue a los responsables de la tragedia de Pasta de Conchos, no faltó quien pensara que el canadiense renunciaría a su fuero como Senador e iría a entregarse ante la Fiscalía General de la República.
Y es que desde aquél azaroso febrero de 2006 quedó establecido que la dirigencia del Sindicato Minero, es decir Gómez Urrutia, toleró que Pasta de Conchos operara en condiciones inseguras y que además se subcontratara a una empresa que no daba las prestaciones de ley a sus trabajadores.
Incluso la Secretaria de Gobernación Olga Sánchez Cordero lo dijo el viernes en Pasta de Conchos: «El derrumbe de los túneles derivado de una explosión nunca tuvo que haber ocurrido, pues fue producto de que se permitiera que la mina siguiera trabajando en condiciones de riesgo. Las protestas y los intentos de huelga mediante los cuales se trataba de evitar una tragedia fueron acallados y las consecuencias fueron terribles».
Pero no, Gómez Urrutia no admite su responsabilidad, lo suyo fue una declaración ladina –una más– en sus intentos por apoderarse de la causa de los deudos de esa tragedia, quienes lo han rechazado una y otra vez pues lo saben cómplice.
Incluso días antes de la visita presidencial al predio minero se conoció que Napoleón hizo intentos porque se le incluyera en el evento, pero quedó en claro que su presencia generaría problemas y el gobierno no lo invitó.
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El miércoles de la semana anterior, en el Sub Comité Regional que encabeza en La Laguna, Román Alberto Cepeda hizo un llamado a limitar la movilidad social para evitar tener que restringir la actividad económica ante el aceleramiento del contagio por coronavirus.
El viernes el Consejo Cívico de las Instituciones de La Laguna emitió un fuerte pronunciamiento señalando que por indiscplina e imprudencia de los ciudadanos crece el número de hospitalizaciones, por lo que hicieron un llamado tajante a limitar la movilidad durante las próximas tres semanas para bajar la curva de contagios y hospitalizados.
El domingo, la comunidad médica y paramédica de La Laguna en una carta pública advirtió que el contagio se está expandiendo aceleredamente, hablaron también de la fatiga del personal hospitalario y sus familias, y llamaron a reducir la movilidad a lo estrictamente necesario y evitar socializar, al menos las siguientes tres semanas.
Lo dice la autoridad, lo dicen los empresarios, lo dicen los médicos, suficiente como para que a cualquiera le quedara en claro lo grave del momento y la importancia de atender las recomendaciones.
Pero hay algunos que no la entienden ni aunque se las deletreen. Tal es el caso del dirigente del PRI, Rigo Fuentes, quien tanto el domingo como el lunes tuvo concurridas reuniones en La Laguna en las que se olvidaron de la sana distancia, y hasta alimentos compartieron, que en todo el mundo se ha dicho es uno de los momentos de mayor riesgo de contagio pues las personas se quitan el cubrebocas.
Te dicen hay que limitar la m-o-v-i-l-i-d-a-d ¿y qué haces? ¡un convivio para reconocer a tu estructura de m-o-v-i-l-i-z-a-c-i-ó-n electoral!.
De los dos convivios que tuvo Rigo uno fue en Torreón y otro, claro, en el Cañón de Jimulco, allá donde es señor feudal.
A donde ni siquiera se ha acercado es a su nueva propiedad en La Carbonera, y es que ahí no ha sido bien aceptado, tiene incluso serias diferencias con algunos ejidatarios, y no por cuestiones políticas sino por conflictos de vecindad, y además de eso en Arteaga tiene poco que celebrar.
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A propósito de Arteaga, en las diferentes comunidades rurales desde mediados de la semana anterior llaman la atención notorias bardas con la leyenda «Gracias» y el emblema del Partido Unidos. Fue el municipio donde mayor número de votos obtuvieron, y aunque no alcanzaron el triunfo al menos son agradecidos y en eso le ponen el ejemplo al resto de los partidos.
El sábado en su columna semanal la ex dirigente panista Esther Quintana escribió: «Me parece que la dirigencia debiera salir ya a agradecer el voto de quienes sufragaron a favor de nuestra oferta legislativa y de nuestros candidatos. Y a reconocer lo que no hemos hecho y lo que hicimos mal, y pedir disculpas con humildad por ello. Y que estemos bien claros de que no va a estar fácil recuperar la confianza que nos perdieron quienes habitualmente votaban por el PAN».
Es pues una cuestión de sensibilidad, claro sin irse a los extremos y hacer tertulia que los tiempos no están para eso.