ALTERNATIVA

Salto al Pasado

Por Eduardo J. De La Peña De León

            La fotografía es a un tiempo denuncia y augurio. Mal augurio.

            Recargados en un muro de block, tres hombres gritan en silencio las condiciones en que trabajan. Son mineros empleados en la extracción de carbón; los tres están calzados con tenis y dos de ellos visten shorts.

            En el mismo muro hay un sello que identifica al centro de trabajo: «Los Menor, sup-120 has, T-219392». Se trata de una mina de arrastre que está siendo operada por Carkim Industrial.

            Carkim Industrial es una de las 53 empresas a las que la Comisión Federal de Electricidad otorgó en adjudicación directa contratos para el suministro de carbón. En su caso se le entregó un contrato por más de veintiún millones de pesos, un pedido de veinte mil toneladas.

            Un reportaje seriado de Infonor hizo públicas otras fotos además de la ya descrita. Todas develan las condiciones en que se está trabajano en «Los Menor» y en otros predios mineros.

            Frente al mismo muro de block hay una banca de madera en la que se improvisa un «comedor». Otra foto muestra en ese lugar a seis trabajadores con una hielera y los empaques de al menos seis «doces» de Tecate. Con cerveza los conforman para que no protesten por las condiciones en que trabajan.

            Hay también una foto de un tejaban de lámina que sirve al mismo tiempo de enfermería, almacén y punto de reunión para en caso de una contingencia.

            Estamos ante la evidencia contundente de lo que ha generado la estrategia ideada por el actual gobierno federal para, a su entender, «hacer justicia» a los pequeños y medianos productores de carbón.

            Un proceso de adjudicación directa, que supuestamente pasó por un proceso de verificación tanto sobre el estatus legal de las concesiones como las condiciones físicas de las minas, privilegió a empresas que no cumplen con las mínimas disposiciones de seguridad en el trabajo.

            No hay equipo de protección personal para los trabajadores, ni el que por norma se exige en una operación minera de ese tipo, ni mucho menos el que se precisa en la actual contingencia sanitaria. Tampoco hay equipos de ventilación, medición de gases y autorrescatadores.

            No tenían nada de eso estos productores, y las condiciones en que pactaron los contratos de suministro a la CFE no les dan margen para equiparse, el precio base que se les fijó por tonelada no contempla inversiones para ello, tampoco costos fiscales, mucho menos tareas de remediación ambiental y no estima un margen de utilidad.

            Para operar en esas condiciones, los salarios que promediaban en dos mil pesos por semana bajaron a mil 400 pesos, y para muchos es la única alternativa de trabajo, con todas las desventajas y riesgos que implica, pues la región atraviesa por una severa crisis desde hace meses.

            Es una paradoja que las minas altamente tecnificadas, con equipamiento y protocolos de seguridad de primer mundo, las que pagaban salarios dignos y prestaciones, están cerradas, fueron orilladas a la quiebra al cancelar la CFE de manera unilateral los contratos de suministro. Otras sucumbieron también ante el feroz acoso que colapsó a Altos Hornos, que era su principal cliente.

            Lo que vemos en la Carbonífera dibuja fielmente lo que está pasando en México con este gobierno que se da en llamar «cuarta transformación».

            Así como en la minería del carbón se regresa a prácticas arcaicas, vemos como la conducción de la política económica, fiscal, y de la propia vida institucional está atrapada en una dinámica regresiva que nos remite a los modos más oscuros del viejo sistema.

            Por eso las fotos de cómo se trabaja en «Los Menor» son un mal augurio, porque anticipan hacia dónde nos está llevando el nuevo régimen con su efecto transformador que es perverso y destructivo.

            Esto que se está evidenciando en la Carbonífera debe ir más allá de una denuncia sobre la negligencia con la que se permite la operación irregular de las minas, y convertirse en una alerta que genere reacciones, y acciones, para contener al grupo en el poder.

            La siguiente estación, la renovación de la Cámara de Diputados en 2021, es la posibilidad más importante para generar auténticos contrapesos por la vía institucional. No debemos permitir que se pierda esa oportunidad.

edelapena@infonor.com.mx

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