Privilegiar la Paz
Por Eduardo J. De La Peña De León
Hechos ocurridos la tarde del martes en Saltillo y Ramos Arizpe nos muestran las que podrían ser dos caras de una misma moneda.
En la colonia Latinoamericana un vecino hizo frente a tres sujetos que se metieron por la fuerza a su domicilio y dio muerte a uno de ellos, mientras los otros dos se daban a la fuga.
Hubo desde luego todo un despliegue policiaco, y la noticia tardó poco en inundar las redes. Surgieron todo tipo de reacciones sin faltar quien opinara que el desenlace de este hecho serviría para desalentar a los ladrones pues la ciudadanía ya ha decidido defenderse por propia mano.
Pocas horas después conocimos de un suceso similar, pero con un resultado por completo diferente. En el centro de Ramos Arizpe también hubo un allanamiento a una vivienda, que un padre y un hijo trataron de evitar pero fueron enfrentados, el padre murió de varios balazos y su hijo resultó herido.
Sin duda que estos sucesos trágicos traerán al debate mediático y social temas tan polémicos como la legítima defensa y el derecho a tener armas, de donde podría escalar a otros como la posibilidad de portarlas, e incluso el cuestionar –como ya se da en determinados grupos como los clubes de tiradores– que la única manera legal de comprarlas en México sea a través de la Secretaría de la Defensa y que esta instancia lleve un registro de quienes las tienen autorizadas.
Antes de entrar en una dinámica así ponderemos qué es realmente lo que queremos y hacia allá encaminemos el esfuerzo social e institucional.
Quizá nos parezca lejano pero no debemos de olvidar la angustia en que por varios años, hace menos de diez, se vivía en Saltillo cuando la ciudad era un territorio en disputa por grupos delictivos. No olvidemos a las víctimas colaterales de los enfrentamientos, ni a quienes sufrieron secuestros o asaltos. Recordemos que en ese entonces no era una amenaza sanitaria la que obligaba a la reclusión sino el miedo.
Cambiar esa realidad, recuperar la paz, ha costado mucho. No tomemos una ruta que nos pueda llevar por un derrotero similar.
En efecto, en las últimas semanas y muy probablemente producto de la complicada situación económica que ha generado la contingencia sanitaria, se ha incrementado la incidencia de robos en la región.
Ante ello debemos exigir de las autoridades mayor eficiencia. Que se desplieguen todos los recursos humanos y tecnológicos con los que se ha fortalecido a las corporaciones, para resolver los robos cometidos y evitar que ocurran nuevos.
Pero estemos atentos a otra situación que se da igualmente aparejada a la contingencia sanitaria: la crispación social.
La enfermedad, la muerte de seres queridos, el confinamiento, las restricciones, los problemas económicos y la incertidumbre son una mezcla peligrosa que mantiene a las personas en tensión, y se dan reacciones inesperadas en conflictos familiares, laborales o vecinales, y con mayor razón cuando se tiene una amenaza como la de un robo o allanamiento.
Las autoridades tienen ya todo un reto en los temas de salud y seguridad, quedaría pues en otras instituciones como universidades, iglesias y asociaciones cívicas desplegar estrategias para guiar a los ciudadanos en algo que pocas veces es tomado en serio pero que tiene la mayor trascendencia, como el manejo de las emociones.
Ya algunas instituciones privadas de educación superior están ofreciendo charlas y talleres con esta orientación, es un buen esfuerzo que debería ser replicado, apostando por dar a la población herramientas que le permitan canalizar esta mezcla de sentimientos y afrontar las situaciones inéditas a las que nos enfrentamos de la mejor manera, evitando conflictos que tensan a la comunidad.
Preservar la paz debe ser una prioridad, pues a ella van vinculadas muchas otras situaciones.
edelapena@infonor.com.mx