Por Eduardo J. De La Peña De León
La designación de Enrique Martínez Morales como delegado en el PRI para el distrito catorce fue en general bien recibida. No pocos interpretaron que le estaban dando esa encomienda como un reto para demostrar alcances y ganarse una oportunidad para el año próximo en que algunos lo ven como prospecto para la alcaldía y otros para una diputación federal.
Para ganarse una nueva oportunidad política, se dice, Enrique tendría no únicamente que asegurar el triunfo para María Bárbara Cepeda, y suficientemente holgado, sino además debería conseguirle una votación superior a la que ahí ha tenido el PRI para que no quede duda de cuál fue realmente su aportación.
En 2014, una elección similar a la que se disputa este año en que van solos los candidatos a diputados locales, con Javier Díaz el PRI obtuvo en ese mismo distrito más de 30 mil 500 votos y el PAN poco más de 14 mil 400.
Tres años después, en que se disputaban además del Congreso la gubernatura y las alcaldías, en ese mismo distrito el PRI obtuvo 24 mil 795 votos y el PAN 33 mil 170.
Aunque improvisó candidata, como en todos los otros distritos de Saltillo, el PAN ha enfocado todas sus baterías en el catorce, están obstinados en conservar esa posición. Tienen en el PRI a una oponente con mayor hechura, y además el respaldo de importantes grupos políticos. María Bárbara Cepeda debería ganar sin sobresaltos.
Pero, se insiste, para efectos del futuro político de Enrique el solo triunfo no es suficiente, tendría que notarse su mano en forma contundente.
Y lo que se percibe es que, aunque el reto es recuperar el distrito, no hay trabajo político más allá de la estructura territorial, se siente que la apuesta es a la movilización y se vuelve a dejar en el olvido algo que en el pasado al PRI le permitió reforzar en otros sectores y que es donde se supone que Martínez Morales puede hacer su aportación.
Salvo que tenga instrucción precisa de navegar con bajísimo perfil, Enrique está en la cuenta regresiva para demostrar sensibilidad, activos y trabajo político.
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Estuvo en Saltillo el ex dirigente perredista Ángel Clemente Ávila Romero, de gira para apoyar a los candidatos de su partido a las diputaciones locales, pero realmente vino a hacer el ridículo.
El perredista más que Clemente es soberbio, y en esa postura advirtió que el año próximo no piensan hacer alianzas en Coahuila y que si las llegan a hacer «se reservarán el derecho de admisión».
Seguramente ya calcularon que nadie los va a querer de aliados y para no verse despreciados ellos manejan desde ahora un falso discurso de suficiencia.
Nada más para recordar, desde que posición está jugando el PRD vayamos a los resultados de la elección de alcaldes en 2018 en los que obtuvieron apenas el 2.56% de la votación emitida, y quedaron en el sexto lugar de preferencias.
En suma, viven por su registro nacional, pero aquí están poco menos que de adorno.
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Sesionó este lunes en Aguascalientes la Alianza Federalista con la participación de los diez gobernadores que la componen.
Fue una sesión trascendente pero además cargada de simbolismo histórico pues se están conmemorando 106 años de la Soberana Convención de Aguascalientes, que ahí se desarrolló del 10 de octubre al 9 de noviembre de 1914.
Recordemos que fue esa Convención la que en un momento aciago para el país eligió al General Eulalio Gutiérrez Ortiz como Presidente de México.
Y nuevamente Aguascalientes se inscribe en la historia pues ahí los diez gobernadores tomaron dos importantes acuerdos en su defensa de los fondos federales.
El primero tiene que ver con recurrir a juicios de controversia constitucional para la defensa de los fideicomisos y fondos públicos, una ruta que ya se había venido comentando y que de hecho algunas entidades ya iniciaron.
De mayor trascendencia el segundo acuerdo, pues va encaminado a promover que los ciudadanos beneficiarios de los diferentes programas que dependen de los fideicomisos que extinguió la Cámara de Diputados recurran a juicios de amparo. No hay precedente de que gobiernos estatales sean promotores de amparos masivos, la causa lo vale y el hecho marca un hito histórico.
La dignidad y firmeza con la que Miguel Ángel Riquelme está defendiendo lo que a Coahuila le corresponde son de reconocerse.