El Indispensable Cambio
Por Eduardo J. De La Peña De León
Un nuevo asesinato ha consternado a la sociedad saltillense. Una joven madre, Alondra, fue víctima de un sujeto que con saña extrema le arrebató la vida y luego dejó su cuerpo oculto en una vecindad por casi una semana, mientras que familiares y amigos de ella vivieron días de angustia sin saber de su paradero.
A la par se conoció otro caso, ocurrido en Morelia, en que igualmente una joven mujer fue brutalmente asesinada.
Más que entrar en estadísticas, pues en hechos así incluso un solo caso es demasiado, como sociedad deberíamos comprometernos en lograr que la conmoción que se ha generado se convierta en un impulso que construya un cambio de fondo, antes de que la dinámica nos arrastre a otros temas.
Aunque se ha creado un estereotipo del macho mexicano, la violencia de género no es un problema exclusivo de nuestro país sino un fenómeno mundial, lo cual nos permite observar las estrategias que han seguido otras sociedades para combatirla.
En gran medida han sido los movimientos sociales de mujeres los que han conseguido llamar la atención sobre las diferentes expresiones de la violencia de género, y han logrado cambios en políticas gubernamentales y leyes.
Dos de los elementos que organizaciones internacionales consideran relevantes para disminuir la incidencia de este tipo de hechos son hacer frente y poner fin a la impunidad; y, contar con mecanismos eficientes y confiables para la recopilación de datos que ayuden a focalizar las estrategias.
Otro punto es destinar recursos suficientes para que operen las instituciones que atienden a las víctimas y que haya un sistema judicial accesible y funcional.
Todos estos puntos caen en el ámbito institucional, y podría afirmarse que en Coahuila se han logrado avances importantes al respecto, y que en el caso más reciente que ha ocurrido, el de Alondra, hubo una rápida reacción y se logró la detención y consignación del asesino.
Pero todo esto será insuficiente mientras no haya un enfoque cultural que nos lleve hacia un cambio en las personas.
Es inaudito, pero estos días pudimos encontrar en redes sociales expresiones de simpatía con los agresores de las mujeres que fueron asesinadas en Saltillo y en Morelia.
Eso es inadmisible, ¿cómo lo cambiamos?.
La ONU ha señalado que la mejor manera de contrarrestar la violencia de género es prevenirla tratando sus orígenes y causas estructurales. La prevención, indican, debe comenzar en las primeras etapas de la vida, mediante la educación de los niños y niñas que promueva las relaciones de respeto y la igualdad de género.
No es un reto sencillo, pues aún y cuando el sistema educativo se comprometa en este propósito, resultará insuficiente mientras en los hogares los niños encuentren un ejemplo diferente a lo que en las escuelas se les pretende inculcar.
Todos los actores de la comunidad debemos involucrarnos en generar conciencia y cambio, permanecer como meros expectadores equivale a complicidad.
Hoy que al menos una parte de la sociedad está sensible al tema, es el momento de recoger experiencias, ideas, propuestas y hacerlo desde todos los ámbitos porque finalmente en todos se da algún tipo de violencia o maltrato hacia las mujeres.
Las nuevas formas de interacción y de comunicación permiten multiplicar el mensaje con facilidad y hacer derroche de creatividad, son ventajas que deben aprovecharse.
Hacen falta una suma de voluntades, liderazgos y talentos. Una auténtica cruzada social.