El Nuevo Engaño
Por Eduardo J. De La Peña De León
Conocedor del manejo de los tiempos electorales Andrés Manuel López Obrador ya puso a andar su nueva estrategia de posicionamiento para mantenerse en el ánimo ciudadano e intentar el respaldo de los votantes para su partido en las importantes elecciones de 2021.
Aunque la famosa no-rifa del avión presidencial, en la que no pudo vender todos los cachitos o boletos para el sorteo y terminó costando más de lo que le aportó a las arcas nacionales, le dejó en claro que los mexicanos en su mayoría no le secundan en sus puntadas, ahora ha enarbolado una causa que espera le rinda mejores réditos: el enjuiciamiento a los ex presidentes.
Para señalar a gobernantes y ex gobernantes no hay matices, en general los mexicanos señalamos a todos de corruptos son, para fines prácticos, indefendibles, entonces en esta consulta hay trampa, se pregunta algo que ya se sabe la respuesta que generará, pero más grave aún se sabe que no se podrá concretar.
Nuestra Constitución establece que las consultas populares pueden ser convocadas por el Congreso de la Unión a petición de los ciudadanos en un número equivalente al 2% de los inscritos en el padrón de electores, esto sería por poco más de un millón 800 mil mexicanos.
Partidarios de MORENA se dieron a la tarea de recabar firmas y ya estando por vencerse el plazo para poder presentar la solicitud los reportes eran que llevaban alrededor de 800 mil firmas, entonces el Presidente habilitó el «plan B» y él mismo envió su solicitud al Senado, que es otra de las alternativas previstas en la Constitución.
De último momento los de MORENA salieron con que habían incluso superado la meta y logrado 2 millones 400 mil firmas, que ahora deben ser cotejadas por el Instituto Nacional Electoral.
Va entonces la petición por dos vías.
La de López Obrador del Senado pasará a la Suprema Corte de Justicia de la Nación, para que ese Poder resuelva sobre la constitucionalidad del cuestionamiento.
Expertos en derecho anticipan que la Corte deberá rechazarla pues una consulta popular para esos efectos resulta inviable, pues la Constitución establece que no se pueden someter los derechos humanos y los mecanismos para su protección a consulta, y el debido proceso es un derecho humano que se estaría vulnerando.
En el caso de las firmas ciudadanas tendrán que ir primero a la validación del INE, la forma en que se multiplicaron y pasaron milagrosamente de 800 mil a dos millones 400 mil, lleva a pensar que hubo truco y es muy probable que la autoridad electoral no de el visto bueno.
Esta sería la primera etapa, si la Suprema Corte rechaza la consulta por inconstitucional, le da a López Obrador los argumentos para dirigir –una vez más– las baterías en contra de los Ministros y comenzar con sus letanías sobre componendas y arreglos oscuros.
Si en el INE encuentran que no hay suficientes firmas auténticas, nuevo pretexto para ir en contra de otros de los personajes favoritos en la picota de la cuarta transformación: los consejeros del órgano electoral.
Pero si alguna de las dos solicitudes logra pasar el primer filtro, vendrá luego el debate sobre la fecha en que se deberá de realizar la consulta, que puede ser el 6 de junio, es decir el mismo día que las elecciones para renovar la Cámara de Diputados, o el primer domingo de agosto de 2021.
Todas estas etapas y la polémica que generarán le permitirán al Presidente traer un nuevo tema distractor que es además muy vendible con los electores.
Suponiendo que vaya superando esas etapas, tendría que conseguir que al menos el 40% de los electores participe en la consulta, es decir más de 36 millones de mexicanos, y que más del 50% de los que participen estén a favor de enjuiciar a los ex presidentes.
En el remoto caso de que se consiga el «sí» en la cantidad necesaria, vendría entonces el reto de armar expedientes, fincar procesos y muy probablemente encontrar que la mayoría de los delitos han prescrito.
No, por más que algunos o todos lo merezcan, no habrá ex presidentes mexicanos tras las rejas, por más ciudadanos que así lo estén deseando. Pero eso sí, López Obrador ya tiene su distractor, de los electores depende si caen en su juego, o si al contrario le exigen que se ponga a trabajar en los retos reales que como país tenemos.
edelapena@infonor.com.mx
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