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Por Eduardo J. De La Peña De León

            No se ha dado a conocer si los pequeños y medianos productores de carbón lograron algún avance en la reunión que esta semana sostuvieron con funcionarios de la Comisión Federal de Electricidad, en la que buscarían criterios más flexibles dentro de los contratos para el suministro del mineral.

            Más que cambiar las especificaciones caloríficas del carbón, lo que los productores buscan es margen para mezclas y compensaciones, como se hacía en el pasado, de tal forma que se saquen promedios de lo que se entrega en un determinado lapso y no se dictamine en lo individual.

            Además tendría que haber otros criterios en la penalización, pues es razonable que si se entrega una especificación menor que también el pago sea menor, pero no que no haya ni pago ni devolución.

            Finalmente la CFE ha admitido que de los 75 productores a los que se les había dado el visto bueno como proveedores, únicamente 53 firmaron contrato de adjudicación directa, el resto seguramente desistió al ver las condiciones ventajosas que estaba imponiendo la paraestatal.

            En los 53 contratos que ya adjudicó la Comisión se respaldan compras por poco más de un millón cuatrocientas mil toneladas, a surtir hasta diciembre de 2021, es decir casi seiscientas mil toneladas menos de las que inicialmente se dijo que adquirirían.

            Entre las 53 empresas que obtuvieron contratos, a las que menos se les compraría recibirían alrededor de quince millones de pesos, y sesenta millones de pesos las de los contratos de mayor cuantía.

            Llama la atención que el contrato más grande, por 56 mil toneladas, es para una empresa que en el sector aseguran es originaria de Monterrey, Operadora y Suministros Vickel, ¿dónde quedó entonces el compromiso de apoyar a los productores locales?.

            Pero aún así, si no se alcanza un acuerdo entre los productores y la Comisión no habrá suministro ni del millón cuatrocientas mil toneladas ni desde luego la urgente derrama económica en la región.

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            Tuvo gira por municipios del norte de la entidad el Secretario General del IMSS Javier Guerrero García para supervisar avances en hospitales de Ciudad Acuña y Piedras Negras.

            En el caso de Acuña, Javier Guerrero señaló que esperan en octubre ahora sí ponerlo en operación. Es un caso emblemático que ha sido incluso señalado a nivel nacional entre las obras en materia de salud que se dejaron inconclusas el sexenio anterior.

            Este hospital se inició a construir en 2017 y debería de haber estado en servicio el año anterior.

            Como la fecha estimada que dio a conocer Javier Guerrero, octubre, coincide con la anunciada visita de Andrés Manuel López Obrador a Coahuila –en específico a San Juan de Sabinas– para el 23 de ese mes, de inmediato se comenzó a especular con la posibilidad de que el presidente lo inaugure.

            Es lo de menos, si hay o no inauguración presidencial no desmerece, lo importante es que entre en servicio.

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            El INEGI dio a conocer sus cifras preliminares de la incidencia de homicidios en el país durante 2019, que ubican a Coahuila entre los estados con menos hechos de este tipo, reflejo de los avances en materia de seguridad.

            En la tasa de homicidios por cada cien mil habitantes, Coahuila es el quinto estado de los más bajos, con 10 cuando la tasa nacional es de 29 por cada cien mil habitantes.

            En 2019 se contabilizaron 305 homicidios en Coahuila, esto incluye accidentes y hechos violentos. Para dimensionar lo que se ha mejorado en materia de seguridad baste recordar que en 2012 se tuvieron mil 160 homicidios en la entidad.

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            No cabe duda que en el país tenemos un gobierno bipolar. Primero esta semana la Secretaría de Gobernación ponderó su acuerdo alcanzado en Chihuahua en el tema de la extracción de agua de las presas, en una mesa de dialogo en que la Secretaría de Seguridad Pública estuvo representada por Ricardo Mejía Berdeja, y a los dos días se notificó al gobernador Javier Corral que los funcionarios federales ya no participarán en esa entidad en la mesa de coordinación en materia de seguridad.

            Aseguran que están encauzando una solución al conflicto pero lo escalan a otra dimensión rompiendo la coordinación porque el gobierno estatal les ha criticado el despliegue de las fuerzas federales en las presas.

            ¿Cómo el gobierno federal apuesta por la confrontación cuando habían iniciado una ruta de solución?. La esquizofrenia de la cuarta transformación.

edelapena@infonor.com.mx

ALTERNATIVA

Agua que no lava

Por Eduardo J. De La Peña de León

            Cada año en la temporada de lluvias, en mayor o menor medida, en Saltillo se presentan inundaciones que pueden ir desde trastornos menores hasta verdaderas tragedias.

            En este 2020 a partir de las precipitaciones que en julio trajo el huracán Hanna, dejando pérdidas humanas lamentables y daños materiales cuantiosos, se ha mantenido en la agenda social y mediática el tema de las carencias que hay en la ciudad en materia de infraestructura pluvial.

            Las inundaciones que padecemos en Saltillo son consecuencia de diversos factores, que van desde las características naturales hasta una suma de culpas de diferentes actores e instancias.

            Recordemos que la ciudad está asentada en una ladera, así que tenemos desarrollos habitacionales a dos mil cincuenta metros sobre el nivel del mar –los más altos en Lomas de Lourdes– y a mil 470 metros, al norte en Jardines Coloniales.

            Un desnivel natural cercano a los 600 metros provoca desde luego que cuando llueve al sur el agua baja con gran fuerza hacia el norte.

            A eso sumemos que al paso de los años se han dado asentamientos en márgenes de arroyos y se han obstruido escurrimientos naturales. Adicionalmente el crecimiento de la ciudad  implica extensas superficies cubiertas de asfalto y concreto, con lo que se ha perdido capacidad de infiltración del agua, que entonces corre por donde puede.

            Nadie puede negar que ha habido desorden en el crecimiento urbano, como tampoco se puede desconocer que en la medida de las posibilidades presupuestales se han venido construyendo colectores y otras obras pluviales.

            No tenemos aún toda la infraestructura necesaria, eso es cierto, y mientras no exista no podemos esperar que deje de haber inundaciones, pero tampoco es posible voltear y culpar exclusivamente a las autoridades o a los desarrolladores urbanos cuando hay otro elemento que también abona a este problema: el comportamiento social.

            Basta con asomarnos a algunos de los arroyos que cruzan la ciudad para darnos cuenta de lo que arrastraron las lluvias de las semanas anteriores, entre los montones de basura podremos encontrar colchones, neumáticos y hasta algunos muebles.

            Los responsables del mantenimiento a los canales pluviales han señalado en repetidas ocasiones que ahí han encontrado también muebles y todo tipo de desechos.

            Las lluvias pueden dejar en evidencia las carencias de la ciudad en infraestructura pluvial, pero sobre todo están dejando en evidencia a la propia comunidad que en forma indolente sigue arrojando basura a los arroyos.

            De unos años para acá el sistema de recolección de basura funciona en niveles bastante eficientes, no se puede echar la culpa a eso, es una cuestión estrictamente de responsabilidad social.

            En este problema estamos involucrados todos, unos tiran la basura donde no deben, otros se dan cuenta y voltean la cara.

            Ese es el cambio que debemos de buscar los ciudadanos, hacia una actitud  de compromiso cívico, sentido común y respeto. ¿Se podrá?

edelapena@infonor.com.mx